Interesarse por las dificultades para aprender durante la escolaridad del niño implica abordar el conjunto de los procesos educativos en juego.
Los procesos de enseñanza-aprendizaje conciernen, por una parte, al sujeto que aprende y a los recursos subjetivos con que cuenta, recursos intelectuales que no se reducen a las estructuras cognitivas. Por otra parte, estos procesos se insertan y despliegan en el marco educativo de una comunidad escolar organizada e instituida.
La institución escolar incluye al que enseña y al que aprende. Como todo vínculo social, la relación educativa escolar se propone la regulación y socialización de los sujetos según reglas generales y válidas para todos.
El surgimiento de dificultades para aprender en algunos niños desacomoda las normas de resultados esperables y, fundamentalmente, pone de relieve aspectos que corresponden a estos niños, pero también al conjunto social educador encarnado por padres y docentes.
A partir de estos dos ejes, se propone seguir el recorrido y entrecruzamiento de distintos aspectos del hecho educativo, especialmente en esos puntos en que la dificultad emerge como síntoma. El llamado fracaso escolar resulta, pues, el emergente sintomático en el niño, no sólo de sus propias perturbaciones subjetivas sino también del marco socioeducativo en el que se inserta.
¿Cómo trabajamos el apoyo escolar para alumnos de primaria?
A partir de una detenida escucha acerca de las inquietudes o problemas que se presentan con el alumno en relación con el aprendizaje, se busca contextualizar el problema.
El desafío de la propuesta consiste básicamente en favorecer el aprendizaje autónomo en los alumnos que no siempre disponen de las herramientas metodológicas necesarias, procurando aprovechar los conocimientos que estos han construido a partir de su desempeño social y escolar.
Una vez que se ha identificado cuales son las dificultades, se inicia el acompañamiento del alumno a través de un trabajo personalizado de seguimiento y apoyo adecuado para su superación, a cargo de profesionales.
El alumno concurre a los encuentros con un cuaderno, donde se registra la información sobre los distintos momentos e instancias de su recorrido en el trabajo que se realiza. El tiempo de trabajo esta repartido en dos encuentros semanales de 90 minutos cada uno, dos días a la semana (por lo menos).
Se visita la escuela para relevar información sobre las dificultades del alumno y coordinar con la institución las estrategias de intervención.
Con los padres mantenemos reuniones periódicas que permiten prolongar las intervenciones que se realizan en el CIAP y en la escuela, en el hogar. Se ofrece asesoramiento a los padres y se les da un espacio para expresar sus inquietudes.
Es conveniente que la propuesta sea sostenida por un tiempo razonable para apreciar los efectos de las intervenciones introducidas por los profesionales.
Publicado por Lic. Martín Delavaut Romero




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